lunes, 21 de octubre de 2013

Corazón mojado


No, no sigas estimulando algún intento de resurgimiento
no intentes florecer, salir a flote es un pensamiento añejo.
No, no quieras salir de tu arduo trabajo,
no te compliques con vanas certezas.
Aquellos campos fértiles hoy ya no existen,
regresaron los laberintos de los que nunca te fuiste.
Creíste que esconderte modificaría todo.
Pensaste que no ibas a volver a lo de siempre.
No, no quieras seguir engañándote
no te mientas más, no vas a volver a volar.
Volvé a tu lugar, volvé a ejercer tu filosa tarea,
tu irreversible tarea de desangrar.

viernes, 11 de octubre de 2013

A la sombra de todos los hombres, a la sombra.


Más allá de la necesidad del reparo,
más allá de sentirme inerme ante todo.
Deseo mantenerme cautivo por lo menos un rato,
por lo menos un tiempo, de otro modo.
Debajo del hedonismo que le desprendo
me siento a gusto, distante por el momento.
Las palabras enmudecen, las imágenes se vuelven difusas.
La boca se entreabre cada vez más
y mis ojos se volvieron a cerrar.
Unas horas más, otras horas más.

martes, 1 de octubre de 2013

Lo esencial, lo elemental


Voy recorriendo los deliciosos surcos joviales, los transito ciegamente hasta golpear mi cuerpo contra un vendaval enérgico. Caigo rendido mientras con mis dedos a tientas trato de discernir el muro. Intento reaccionar a tiempo pero ya es tarde.
Una brisa fría atraviesa de manera vertical mi anatomía, sube arrastrándose lentamente hasta cubrir su labor de llenarme. No hay vuelta atrás, puedo percibir el sonido y el color en estos días, pero más puedo sentirlo.
Y es muy tarde, cubrió lo esencial... lo elemental.

jueves, 26 de septiembre de 2013

142R


Si fuera eterno este momento, si en vez de ser horas fueran días. Este valle de inmensos escombros lisos, alineados, iluminados por ese gran y único satélite natural y sus millones de hermanas más pequeñas que tanta inspiración suelen bajarnos, regalarnos, muestran la fotografía perfecta. Estructuras verticales se dejaron de abrazar, de iluminarse por la fuerte y aburrida luz artificial.
Las maquinas tan evolutivas por un momento dejaron de ser paradigma de velocidad y simplicidad para descansar de una vez y dejarse tapar por completo por una finísima capa de lágrimas entregadas desde el más allá... En las residencias, el vapor brota de las fachadas tan modernas mientras afuera a alguien en algún viaje se le presentan dudas e inquietudes existenciales, otro prende un cigarrillo y mira abatido a su reloj, y una joven se peina en algún espejo manchado de huellas digitales.
El reloj que pareció haber parado por completo para siempre vuelve a tomar su ferviente y filosa tarea, la de funcionar.

martes, 3 de septiembre de 2013

Universo etéreo

La más odiada de todas, la desdichada, la innombrable, hija de mal proveniente de las semillas que alguna vez arrojo Satán.
Pudo habérsele atribuido ferozmente a Baudelaire el jactarlas de malas, pero más que seguro no fue el. Mis sentidos se rinden otra vez, pero antes se conectan entre sí para hacerme dudar de mis sentimientos; luego corren una carrera voraz, extrema y con alto grado de adrenalina sobre mi personalidad taciturna, deambulante en una nube etérea bajo la cual no es necesario detallar el comportamiento en la estadía nocturna y cómoda que me ofrece.
El encierro me hace agradecer no sentir en mi cuerpo los filosos puñales reguladores de moral de una sociedad selectiva e influenciada por un sacro imperio autoritario y totalmente ignorante.
Las palabras salen a relucir en un campo fértil en blanco por empezar a indagar verborragicamente pero a la vez de manera sutil como la bajada a estas líneas inconclusas e irreverentes.

miércoles, 31 de julio de 2013

3613


¿Va a llegar el momento en el que perdamos el miedo?
¿Llegará ese día en el que rompamos ese muro tan duro?
¿Podremos ver que hay, que existe del otro lado de esa pared?
¿Dejaremos de pensar en el pasado para seguir creciendo?
¿Nos pondremos a pensar en la consecuencia del peso de las piernas?
¿Y en el cansancio mental, que desemboca en el mal humor?
¿Habrá un momento en el que se pueda ver otra vez esa mueca, estrecha de par en par justo debajo de la nariz?
¿Florecerán los campos de esperanza por un porvenir curioso pero tan ansiado?
¿Se correrán esas manchas de color oscuro que yacen sobre este cuerpo angustiado?
¿Existirá alguna cerradura que no esté obstruida y que dé lugar a una salida más que iluminada, fuera de toda luz artificial?
¿La melancolía va a ser anécdota del pasado?
¿El comparar el dolor en el pecho con la fuerza del mar arrasando contra todo, será pasado?
¿Será antiguo divisarse, imaginarse, sentirse en la misma situación a estar debajo el Océano intentando abrir una compuerta, ahogándose y no encontrar la salida, será añejo ese sentimiento?
¿Los muros de la apatía, van a ser escombros?
¿Seguiremos en la cotidianidad caminando mirando al suelo con los hombros más que encorvados?
¿Vamos a seguir negando las cosas?
¿Vamos a seguir mintiendo tan bien?
¿Algún día pediremos ayuda?
¿Al menos, lo pensaremos un minuto?
¿En algún momento el orgullo caerá y ganaremos?
¿Pelearemos por nosotros?
¿En algún momento de nuestras miserables y estupidas vidas, tendremos menos preguntas en la cabeza...?

lunes, 24 de junio de 2013

Soledad


Indudablemente, inexplicablemente, necesariamente miles de veces después de pasar un buen tiempo acompañado de alguien, ya sea un viaje, un fin de semana o lo que fuere necesitamos de una especie de encierro a solas, un encierro reservado entre dos partes. Una de carne y hueso, y la otra es una especie de brisa que corre por nuestra espalda, pasa rápidamente por nuestra nuca y nos despeina un poco dejando algo así como un pensamiento racional. Más comúnmente llamada “soledad”, ella se dispone a hacernos pensar un rato, centrar lo vivido aquel tiempo compartido o simplemente estirar los pies y acompañarnos a descansar.
Este estado de necesidad no es solo con seres humanos, se asimila también con objetos, deseos, etc. Los objetos claramente nos dominan los pensamientos, elevándolos y dejándolos caer desde una altura considerada para luego hacernos reflexionar acerca de nuestras afirmaciones y/o elecciones en la cotidianidad. Los deseos nos hacen una y otra vez dudar de nuestro razonamiento en función de lo que está a nuestro alcance. Y así, el deseo se convierte en una senda que pocas veces sabemos conducir, realmente muy pocas veces sabemos que deseamos de verdad cuando se despliega la duda. Cuando se nos presenta la abstinencia de querer remitirnos urgentemente a este encuentro con dicha persona y estamos acompañados de objetos, los desechamos por lo menos por un rato; en presencia de deseos, simplemente lo corremos por un instante; en el caso de personas, nos aislamos también por un momento; pero… ¿Qué pasa cuando un ser humano se cansa, se aburre, se quiere apartar de sí mismo? 
Intenta buscar ese acto silencioso antes dicho, tan silencioso por fuera como el interior de una iglesia, pero sabe muy bien que por dentro de su abrumadora y máquina de  nunca cesar más comúnmente llamada cabeza se escuchan gritos, contradicciones y miles de preguntas sin respuestas.
Trata de llegar al sumiso encuentro con dicha persona fantasmal si se quiere, pero se da cuenta que es peor, se da cuenta que ese ser que deja una brisa fría, que hace sonar los ruidos más silenciosos de una casa, que se jacta de reparador, no hace más que poner en duda los deseos, los objetos que están a nuestro alcance y hasta dudar de las personas que nos rodean diariamente. El sujeto entra en un estado de malestar y odio por sí mismo que lo sumerge en una especie de depresión constante y de duda ante todo lo que se le presente por no poder resolverlo.
Amanecen problemas mínimos que en el mencionado estado pasan a ser inmensos, inexplicables, a tal punto de entrar en una secuencia de miedo y obsesión por querer encontrarles una solución urgente. Se auto-introduce en un trance, sintiéndose muy hondo y muy lejano a lo que aspira ser o por lo menos lo que desea para sí. Tormentosas noches lo mantienen en velo haciendo que su cerebro tenga la función similar a la de una máquina, trabajando y trabajando en busca de la palabra más preciada, “respuestas”. No logrando ni acercarse por lo menos a una pista que le diga el camino para llegar a esa ansiada palabra buscada, añorada por años, se dispone a dormir resignado bajo el efecto de ese malestar inexorable y agrio como la hiel.

A la mañana siguiente se levanta para volver a empezar con su vida normal, su rutina cotidiana.